Michel Serres · El Contrato Natural (1990)
Bruno Latour · Nunca Hemos Sido Modernos (1991)
¿Por qué la historia y la cultura han tratado al mundo natural como mero decorado de los conflictos humanos?
¿Puede la guerra —y la competencia económica— producir daños sobre el mundo que superen sus propios objetivos humanos?
¿Qué tipo de contrato debemos firmar con la naturaleza para sobrevivir como especie?
"La arena, el agua, el barro, los cañaverales del pantano... ¿en qué arenas movedizas nos hundimos juntos?"
La imagen de los duelistas en el cuadro de Goya hundiéndose en el barro se convierte en la metáfora central del libro.
Las guerras entre sujetos (naciones, personas) son declaradas y tienen reglas. La violencia objetiva —el daño al mundo— ocurre sin contrato, sin conciencia, como efecto colateral.
Mientras los adversarios se baten en duelo, ambos se hunden juntos en el pantano. El mundo natural no es escenario: es jugador. La historia permanece ciega a la naturaleza.
Ante la incertidumbre climática: si actuamos y "perdemos", no perdemos nada. Si no actuamos y "perdemos", lo perdemos todo. La racionalidad exige responsabilizarse.
La humanidad ha crecido hasta convertirse en una variable física del planeta — ya no somos puntos dimensionalmente nulos.
Todo conflicto —diálogo, guerra, competencia— opera en cuatro esquinas simultáneas:
Un diagnóstico del pensamiento occidental y una propuesta para salir de sus impasses mediante el concepto de híbrido y red.
¿Por qué la modernidad separa radicalmente naturaleza y cultura, si en la práctica siempre las mezcla?
¿Cómo explicar los fenómenos híbridos (el agujero de ozono, el virus del SIDA, el cambio climático) que son simultáneamente naturales, sociales y discursivos?
¿Qué significa realmente ser moderno? ¿Hemos sido alguna vez lo que creemos ser?
"El agujero de ozono es demasiado social para ser puramente natural; la estrategia industrial es demasiado llena de reacciones químicas para reducirse a poder e interés."
La crítica moderna fragmenta estos imbroglios en compartimentos inconexos: ciencia, economía, política, discurso... como si no se tocaran.
La modernidad separa oficialmente: naturaleza vs. cultura, humanos vs. no-humanos, hechos vs. valores. Esta es la crítica moderna.
En la práctica, la modernidad mezcla sin cesar: crea híbridos, redes, objetos que son a la vez naturales y sociales. Este es el trabajo silencioso.
Cuanto más prohibimos pensar los híbridos (purificación), más proliferan libremente abajo. La separación permitió la explosión de mezclas.
Propuesta: Reconocer explícitamente la proliferación de híbridos y crear un parlamento de las cosas — una democracia extendida a los no-humanos.
Mezcla naturaleza y cultura explícitamente, pero al hacerlo limita su proliferación. No puede explicar la escala y velocidad de los híbridos modernos.
→ Nostálgico, pero no da cuenta de nuestra situación
Separa formalmente naturaleza y cultura, lo que paradójicamente acelera los híbridos. Cree que la purificación es real, pero es una ilusión.
→ Eficaz en apariencia, ciego a lo que produce
Denuncia las promesas modernas, pero no las abandona del todo. Queda suspendido entre la duda y la creencia. No propone alternativa constructiva.
→ Escéptico, pero paralizante
Latour propone: "nunca hemos sido modernos" — reconocer que la purificación fue siempre un mito. La salida es asumir los híbridos y regularlos democráticamente.
Serres llega desde la filosofía de la historia y el derecho: hay que firmar un nuevo pacto con la naturaleza.
Latour llega desde los estudios de ciencia y tecnología: hay que reconocer que siempre hemos convivido con los no-humanos.
Ambos coinciden en que la modernidad occidental ha construido una ficción peligrosa: que lo humano y lo natural son mundos separables.
La crisis ecológica no es externa a nuestra cultura: es su producto más íntimo.